primer round

escenificación masacre de accomarca tumi de oro 2015fotografía: diego vargas acuña

El alma del verdugo

Telmo Hurtado y el caso Accomarca

Publicado: 2016-06-23


Desde el año 2010 se desarrolla el juicio sobre el caso Accomarca, una masacre perpetrada por las Fuerzas Armadas en agosto de 1985 que resultó en la muerte de 69 personas en la provincia ayacuchana de Vilcashuamán. Este es uno de los procesos judiciales más importantes de la historia reciente de nuestro país, puesto que es el único caso en el que un teniente confiesa su participación en una ejecución extrajudicial y además señala la responsabilidad de otros militares de más alto rango como autores intelectuales del operativo.

Esta confesión realizada en el 2010 revela toda una cadena de mando, evidenciando que las masacres, ejecuciones y desapariciones ocurridas durante el periodo de violencia política de nuestro país no fueron excesos aislados sino políticas sistemáticas de violaciones a los derechos humanos. En este juicio sin precedentes hay tres partes implicadas: El teniente Telmo Hurtado, los 29 militares instados por Telmo Hurtado a asumir sus responsabilidades en la masacre y los familiares de los deudos.

Las audiencias judiciales son cada miércoles por la mañana en el penal Castro Castro. Las y los familiares son citados por la mañana, pero algunas veces van más temprano y realizan pequeños plantones con carteles en los que piden justicia para su caso. Han transcurrido 31 años y el paso del tiempo se hace visible en la presencia de nuevas generaciones; hijos, hijas, nietas y nietos que también acuden a las audiencias para pedir justicia para familiares que probablemente nunca conocieron. Lamentablemente, estas son voces solitarias que se pierden entre el polvo y el caos característico del día de visita del penal.

plantón de familiares en las afueras del penal castro castro
fotografía: karen bernedo


He tenido la oportunidad de acudir a algunas de las audiencias de este larguísimo proceso que lleva ya seis largos años. El miércoles pasado Telmo Hurtado concluyó con su alegato final, para lo cual prescindió de su abogado. Su testimonio duró más de dos horas, lamentablemente ninguna cámara estuvo permitida y tampoco hubo ningún periodista. La ausencia de registro en video, así como de periodistas, fue lamentablemente porque este alegato sin duda fue un testimonio importantísimo para la historia y la memoria de violencia política en nuestro país.

El alegato de Hurtado fue un recorrido histórico por los diversos procesos judiciales surgidos a partir del caso. Fue además una clase maestra sobre el manual del Ejército Peruano que estaba en vigencia durante la época de la masacre -manual que además recién pudo obtener pocos días antes de la audiencia. También citó párrafos enteros de los testimonios de sus pares militares, evidenciando las contradicciones en las que entraban y ridiculizándolos al punto que arrancó algunas risas de los familiares presentes. Hurtado además hizo un recuento sustentado en documentos de las numerosas felicitaciones que recibió su patrulla entre los años 84 y 85 por el Estado.

El testimonio de Hurtado develó un sistema perverso en el que él mismo se reconoce como parte; un Estado que le premia, que lo adoctrina en habilidades que él con la voz quebrada enumera durante la audiencia, un Estado que le dice que las ordenes se obedecen “sin dudas ni murmuraciones”, que sus superiores pueden “delegar autoridad mas no responsabilidad”. Un sistema finalmente tan perverso que quizás acabe convirtiendo a Telmo Hurtado, “el carnicero”, el asesino, en la única posibilidad para los familiares de obtener una sentencia justa.

caratula revista oiga setiembre de 1985


Hasta hace algunos años, las declaraciones de Hurtado no mostraban arrepentimiento, pero sí la rabia de ser el único procesado por un crimen que el mismo Estado le enseñó y empujó a cometer, la rabia de ser el chivo expiatorio de una cadena perversa que sólo se rompe de su lado.  Cuatro años atrás aseguró sentirse arrepentido pero "solo de cumplir esas órdenes", y que el perdón que esperan las familias "las tienen que dar los que dieron las órdenes".

El miércoles pasado, en la parte final de su alegato, el teniente Telmo Hurtado pidió perdón a los familiares por primera vez y pidió que se consideren los trece años que lleva de encierro en su sentencia. Asimismo, solicitó que se le condene por la responsabilidad que le toca de acuerdo al rango que tuvo en aquella época.

Mientras tanto, los familiares esperan. Aguantan audiencias larguísimas, cancelaciones, tardanzas, dilataciones en este proceso. No han dejado, sin embargo, de celebrar el amor por su tierra y costumbres y han logrado trasladar sus demandas a los escenarios en los que el juego y la protesta se entremezclan.

Desde hace 5 años, en el contexto de los concursos de comparsas de carnavales ayacuchanos, la Asociación Hijos de Accomarca escenifica la masacre que marcó a su comunidad. En marzo del 2016, esta asociación de migrantes incorporó a esa teatralización el proceso judicial. En aquella nueva escenificación los militares salen libres. “Es lo que creemos que va a suceder”, me dijeron. Un escalofrío me recorrió entonces.

 escenificación de la masacre de accomarca realizada por la comparsa hijos de accomarca en el concurso tumi de oro 2016
Registro_ Karen Bernedo- diego fernández stol

escenificación de la audiencia judicial del caso accomarca realizada por la comparsa hijos de accomarca en el concurso de carnavales la quena de oro 2016
registro: karen bernedo- diego fernández stoll


En el pequeño intermedio de la audiencia del miércoles pasado, salimos a una pequeña sala en la que hay unas máquinas de café y golosinas. Tanto los deudos como los militares acusados que llevan su proceso en libertad estaban en el mismo espacio. Estos últimos reían y hasta comentaban con ironía sobre las declaraciones de Hurtado. Parecían, en efecto, estar seguros de que nada iba a pasarles. Entendí la percepción de los familiares y ese mismo escalofrío volvió.

Este 14 de agosto serán 31 años. Manan sentencia, manan justicia.


Escrito por

Karen Bernedo

Comunicadora y antropóloga visual, activista del movimiento de derechos humanos, socialista y feminista.


Publicado en

Las otras memorias

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